viernes, 6 de enero de 2012

La puerta del cielo (Heaven's Gate, 1980)



Si existe un film maldito, marginal y controvertido (en su condición de superproducción), este es sin duda alguna La puerta del cielo (Heaven's Gate, 1980). Durante más de una década se la tachó de pretenciosa, tediosa, maniquea e insufriblemente torpe. Ahora bien, desde hace un tiempo y con la relativa objetividad con que nos obsequia el paso de los años, son muchos los que la defienden a capa y espada sin dejar de enumerar sus virtudes y erigiéndola como absoluta obra maestra. Por tanto, en ese instante deberíamos preguntarnos por el origen de tanta controversia.

La historia nos relata un triste acontecimiento. La matanza de un elevado número de personas en Wyoming allá por el año 1890 (algo que niegan muchos norteamericanos). Las víctimas, mayoritariamente inmigrantes (lógico si hablamos del nacimiento de los Estados Unidos de América) tenían a sus espaldas antecedentes, delitos menores contra la propiedad de ricos terratenientes. Por ello estos últimos decidieron confeccionar una lista negra entregada en mano a pistoleros y demás asesinos a sueldo que debían eliminar esa supuesta “amenaza”. Sobra decir que el suceso en cuestión terminó en una cruenta batalla cuyo interés debió resultarle escaso a las autoridades de la época. 


Ahora, reflexionemos: Primero, su director Michael Cimino, recientemente oscarizado por El cazador (The Deer Hunter, 1978) toma un proyecto personal y "defeca" sobre las mismas raíces del western clásico. Segundo, lleva a cabo con su característica meticulosidad un rodaje cuyo material sin editar llegó a alcanzar las 200 horas de negativo, con retrasos que disparan un presupuesto en manos de la ya de por sí agonizante productora United Artists. Tercero, emprende un nuevo juego narrativo, contemplativo y neorrealista, más complejo y ambicioso que el utilizado en El Cazador (demasiada gente pensó -¡A ver si termina esto y empieza la guerra!). Y por último y para colmo de males, trata un vergonzoso acontecimiento que nos muestra los límites alcanzados por filosofías de dudosa talla moral como la impuesta en el Far West.


Como era de prever, toda acción conlleva una reacción. La prensa se hace eco del caos reinante en el rodaje y las oficinas de la productora. Ante el rechazo del público a la propuesta del director, mutilan la mayor parte del film y su duración pasa de 220 minutos a 149. ¿Se imaginan el resultado final? Incluso se terminaron viendo en Televisión diferentes copias (yo llegué a presenciar dos finales distintos). Como comprenderán, toda una catástrofe.

Actualmente, todo ha cambiado. Michael Epstein dirigió en 2004 el documental Final Cut: The Making and Unmaking of Heavens Gate y mostró al mundo entero lo sucedido. Y por otra parte muchos han descubierto el montaje del director (si es que es suyo) de 220 minutos. Así se han topado con una película muy diferente a la que habían visto años atrás. Resulta enriquecedor y triste a la vez descubrir un film tan hermoso y reflexivo. Habitado por personajes tan reales que viven el día a día entre conversaciones anodinas que ocultan grandes y complejos sentimientos. Personajes como Averill, un hombre rico que recuerda con nostalgia su convivencia con los más desfavorecidos, Billy, testigo ebrio de la masacre cuyo juicio moral se entiende como estupidez entre los violentos o Nathan, un asesino a sueldo que solo ansía el amor de Ella Watson, joven prostituta por la que ejerce su trabajo en su deseo de ganarse su respeto y admiración.



Y se puede pedir más. La técnica es avasalladoramente elaborada, la fotografía de Vilmos Szigmond entronca con el universo de los grandes de su generación en la elegante plasmación de una imagen sepia y desgastada en el pasado. Un pasado visto con nostalgia ante los ojos de aquél que descubrió la impredecible realidad de aquellos que se conforman con un mendrugo de pan o un baile en la festividad del pueblo. La batalla final, impresionante secuencia de acción, contiene imágenes difíciles de olvidar. Pocas veces se ha mostrado con tanta crudeza los efectos de la intolerancia, del desprecio por el más débil cuando éste entorpece la búsqueda de la "gloria" de los más ambiciosos. Y sobre todo, fue la última vez que un cineasta norteamericano se la jugó con algo tan gordo, con una obra que en manos de un cineasta europeo se hubiera encumbrado como si de un magistral fresco histórico se tratara. La filmografía de Michael Cimino lo evidenció, cuatro películas en 27 años, que se produjeron de milagro y demostraron que la energía y entrega de su autor no volvería a manifestarse nunca más. Toda una pena, pensarán quienes tengan la oportunidad de disfrutarla algún día.

2 comentarios:

  1. Además de que “La puerta del cielo” se estrena en la década Reegan con su consiguiente negación de los aspectos negativos de la política, cultura e historia americana, el fracaso también pudo llegar por el clasicismo que respira la película, que al igual que ocurrirá cuatro años más tarde con “Pasaje a la India” (tampoco exenta de crítica contra la política xenófoba de occidente), con un espectador que quiere alejarse de lo qué incultamente llama rancio y que ocasiona el final de películas como las mencionadas, quedando esa forma de hacer cine solo para producciones menos arriesgadas económicamente y naciendo un nuevo cine comercial donde solo prima la acción gratuita por encima de cualquier reflexión.

    Viene bien recordar las historias protagonizadas por “Tex Willer” creadas por Bonelli y Aurelio en 1948, historias inspiradas en los acontecimientos, muchos de ellos oscuros, de la política norteamericana con respecto a la colonización del oeste y la intervención de las grandes corporación que deseaban dominar el nuevo territorio, al final de las mismas podíamos descubrir las fotos, fechas y lugares originales de los acontecimientos narrados, en uno de estos cómics fue donde vi la reproducción de una foto rancia de una mujer extranjera (que había protagonizado una historia con el ranger Tex Willer), a pie de la misma indicaba que fue asesinada por terratenientes por haberse prostituido a cambio de ganado. La historia “La puerta del cielo” ya había sido contada antes. Recuerdo también que en Tex fue la primera vez que leí como el general Sherman era tratado como un genocida (recordemos que en el cine americano –salvo en “El soldado negro” de John Ford y en “Lo que el viento se llevo”- esa figura es considerada héroe nacional). Lo que quiero decir es que si “La puerta del cielo” se hubiera estrenado en 1975 o en 1969 podría haber sido un éxito tremendo, pero la tendencia política de los medios de comunicación de 1980 ya se habían cargado la película antes de su estreno, y por supuesto el espectador que cree, como ocurre ahora, a ciegas lo que oye y ve en televisión sin darse cuenta que él también tiene opinión.

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  2. Cierto, tienes toda la razón. El clasicismo pereció ante las barracas de feria (los "Blockbusters"). Por cierto, Pasaje a la India sigue tratándose con menosprecio a día de hoy. Toda una pena.

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