martes, 10 de enero de 2012

Quiero la cabeza de Alfredo García (Bring Me the Head of Alfredo Garcia, 1975)





Sin lugar a dudas, la constante mutilación de metraje que sufrían sus obras en la sala de montaje, llevó al maestro Sam Peckinpah a alejarse del control de los grandes estudios. Su última película como autor (firmó su último guión) se planteó como una pequeña coproducción entre los dos países que dividían su corazón, EEUU y México. De esta manera, aunque fuese por una sola vez, tendría la última palabra en lo que al montaje final se refiere.

La historia, basada en una historia de Frank Kowalski resulta, más que significativa, anecdótica. Un poderoso magnate de México (Emilio Fernández) no admite la deshonra tras descubrir que su hija ha quedado embarazada de un antiguo empleado suyo, Alfredo García. Por ello, ofrece una gran recompensa a aquél que le confirme la muerte de éste entregándole su cabeza. Pues bien, el bueno de Bennie, viejo conocido de Alfredo, sabe donde encontrar su cabeza e imagina un mejor futuro teniendo en sus manos la recompensa. Desde ese momento éste emprende el viaje junto a su compañera Elita enfrentándose a muchos más obstáculos de los que suponían.


La desesperación y el desprecio por la vida humana, son temas centrales en una película que refleja la violencia como reflejo cotidiano de una sociedad, algo que en manos de su director adquiere tintes filosóficos. Curiosamente, una violencia manifiesta entre los más poderosos y aquellos que luchan por hacerse hueco en círculos más selectos, posicionándose la película en términos morales. Todo apesta a muerte en Quiero la cabeza de Alfredo García, tanto que su personaje principal (interpretado por Warren Oates, todo un actorazo) emprenderá su particular "bajada a los infiernos" para enfrentarse a la mismísima muerte y convirtirse en ebrio ejecutor de sus iniciales verdugos.


No es de extrañar, que entre sus viejos colaboradores (el citado Warren Oates, Kris Kristofferson o el músico Jerry Fielding) figure el enigmático Emilio Fernández, por extensión una correspondencia igualmente autodestructiva de su autor al otro lado de la frontera. Y es que estamos ante la desesperada obra de un genio que se identifica con sus personajes, que a través de la autocrítica y la proyección psicológica busca destriparnos para sacar a la luz miserias propias y recordarnos lo más innegable, que la violencia viene de fábrica y que somos víctimas de la mentira, aquella según la cual no nos merecemos el mundo que habitamos.


Vilipendiada en su momento e incomprendida estéticamente por su humilde factura. Emerge años después como testamento de la talla intelectual de su autor. Tristemente fueron pocos los que supieron ver en su narrativa la perfecta estructura de un viaje complejo y estilizado, que se topa con el naufragio que supone la falta de respuestas. La United Artists distribuyó sin mucha ambición un producto con poca repercusión en taquilla, que merecía mayor suerte. De todos es sabido que Hollywood no acepta cambios en el menú, no vaya a ser que el negocio se vaya al traste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario