sábado, 25 de febrero de 2012

Crítica: The Thing (2011)




Con el paso de los años, ante la inevitable necesidad de repetir éxitos pasados y calcar ideas, los norteamericanos, mediante métodos de "ensayo y error" han conseguido dominar la técnica. Desde aquellos estrepitosos fracasos comerciales, como el de Gus Van Sant cuando calcó plano por plano el Psicosis del maestro Hitchcock, ha llovido mucho. Ahora se exige a los cineastas que sean más sutiles a la hora de idear "remakes encubiertos" con los que evitar la tirria de aquellos espectadores que encuentran innecesaria la relectura de lo que ya estaba bien desde un principio. Grandes "marrones" de los que no se libran cineastas noveles como Matthijs Van Heijningen Jr. cuando se les llama para realizar la precuela de la obra maestra que en 1982 dirigió John Carpenter, precisamente el mejor remake perpetrado en toda la historia del cine, en este caso de El enigma de otro mundo (The Thing from Another World) producido por Howard Hawks en 1951).


Al comienzo, la presencia del logo Universal Pictures de los ochenta nos anticipa lo que vamos a ver. Queda clara la intención de recrear con la mayor fidelidad posible la estética y planteamientos de ese otro cine ya caído en desuso. Y en parte lo consiguen. Una fotografía en scope ligeramente desaturada, subexpuesta, nos pone en situación y presenciamos hechos presentes en nuestra imaginación, creados a partir de lo visto en el film de 1982. Semejante concepto despierta la curiosidad del cinéfilo y será responsable de que muchos salven este título de la quema y le permitan formar parte de sus vidas a partir de ahora. Unas veces funciona y otras no, pero permite la complementariedad con su secuela, al menos en la medida que se lo permiten los nuevos tiempos.


En la actualidad el cine confunde el miedo con el terror y la acción con el dinamismo, y eso se nota en esta película. La criatura se nos muestra demasiado (incluso su nave), alimentada por tendencias del "horror movie" actual como la animalización y la estridencia sonora. Todo un descuido de los creadores, ya que la recordábamos sigilosa, observadora (con ojos de un Alaskan Malamute) en cuanto se anticipaba a sus víctimas, siempre buscando mejor momento para iniciar el contacto. En esta entrega, nos la encontramos casi siempre en plena fase de transformación y eliminación de sujetos. Igualmente, en la necesidad de contar cuanto sucedió en tan poco espacio de tiempo, deja algo desdibujados unos personajes con los que no empatizamos, restando interés al conjunto y dejando en suspenso un clímax de mayor claustrofobia y paranoia que en manos de Carpenter alcanzó la brillantez.


A pesar de ello, cuando termina su visionado, nacen nuevas ganas de revisitar la obra maestra de Carpenter. Admitámoslo, eso es bueno. La presencia del tema central de Morricone en el score compuesto por Marco Beltrami (más que digno), enlazando las historias, me hace olvidar ciertas imperfecciones de guión y tratamiento para sentir durante unos segundos la cercanía de un relato aún más estremecedor, todo un objetivo para cualquier precuela que se precie. Claro que el personaje interpretado por Mary Elizabeth Winstead queda falto de carisma ante el mítico Kurt Russell, claro que no hemos sentido la mitad de desazón ni vacío existencial que nos despertó la impecable planificación de un cineasta único en su mejor momento, eso lo daba por sentado nada más empezar la proyección. Lo que nos preguntamos es si puede esta película formar parte del relato, complementarlo o enriquecerlo, y en ese sentido considero que sale airosa. Meta que visualizaron sus artífices mientras la ideaban, afortunadamente para la imaginería colectiva y el cinéfilo nostágico.

1 comentario:

  1. Yo pude verla en el cine en una sesión doble con la de Carpenter. Esta "precuela" no es tan grande ni mítica como la de 1981... pero deja un buen sabor de boca.

    No está mal...

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