martes, 7 de febrero de 2012

Crítica: Promoción Fantasma (2012)




Queda claro que la comedia no deja de adaptar fórmulas para hacerlas suyas y acoplarlas perfectamente a la intencionalidad del equipo creativo. Es algo que hacen todas las cinematografías, aprovechando la complicidad de un espectador que pasa por alto esas nimiedades. Y es que lo realmente importante es pasar un buen rato y olvidarse de los problemas. De ahí que nunca podamos analizar la validez de una comedia de manera sesuda, sin aceptar como preconcebidas ciertas tendencias o concesiones a todo aquello que funciona y despierta la risa. Siempre es conveniente aceptar el tipo de comedia que se nos presenta, sea física, intelectual, costumbrista o simplemente bufa. Todos sabemos que como todo género tiene a sus pioneros (Billy Wilder, Ernst Lubitsch...), payasos (Jerry Lewis, Laurel y Hardy...) o chorras irreverentes (Mel Brooks), pero entendemos que nadie podría medir con exactitud la aportación narrativa de cada uno. Otra cosa sería la presunción de culpabilidad de una percepción siempre subjetiva.


Habiendo aclarado esto, vayamos al grano. El cineasta Javier Ruíz Caldera ya había probado suerte en el largometraje con el subgénero de las "Spoof Movies", aquél que reúne burdas parodias de films conocidos para deleite de adolescentes sin mucho interés en despertar su masa gris y cinéfagos enfermizos. En este caso, adaptándose a nuestra idiosincrasia "Typical Spanish", se estrenaba en 2009 la película (valgan las redundancias) Spanish Movie. Mientras algunos se llevaban las manos a la cabeza, los entendidos en esta categoría se sorprendían por muchos motivos. El cuidado técnico y artístico apreciable en la exquisita fotografía de Óscar Jaura, unos buenos intérpretes y la sana intención de desmontar el mito de que sólo los americanos saben hacer ese tipo de chorradas permitieron al film salir de nuestras fronteras y a su responsable presentar en menos de dos años su nueva incursión en la comedia.


Ahora nos llega Promoción Fantasma (2012), homenaje al cine juvenil de John Hugues y la institucional comedia gamberra de los ochenta. De ahí parte el concepto en esta ocasión. La banda sonora compuesta de Javier Rodero se remite con acierto a la década (plagada de sonidos electrónicos) y entremezcla temas como Total Eclipse of the Heart de Bonnie Tyler y Enamorado de la moda juvenil de Radio Futura. Su narrativa calca las secuencias de montaje musicales y las referencias en los diálogos transportan a los nostálgicos. Igualmente, sus actores, empezando por Raúl Arévalo, demuestran sobradamente su talento. En mi opinión, nombres como el de Carlos Areces, Alexandra Jiménez, Joaquin Reyes o Silvia Abril pueden figurar ya en nuestra interminable galería de estupendos cómicos nacionales. Los gags pueden resultar más o menos acertados, pero la intención de su director de ofrecer un trabajo sólido no queda en entredicho. Al igual que en su anterior trabajo, Ruíz Caldera lleva el trabajo hecho y demuestra ser todo un profesional.


No obstante, algo muy diferente, es juzgar su autenticidad. Podemos hablar de homenajes, parodias e influencias, incluso debatir si es lícito mezclar tanta referencia en la coctelera, desde El club de los cinco (The Breakfast Club, 1985) a El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999) mezclando Agárrame esos fantasmas (The Frighteners, 1996) con Los cazafantasmas (Ghostbusters, 1984). No nos engañemos, el libreto firmado por Cristóbal Garrido y Adolfo Valor toma estructura, personajes y temática de un pequeño film de los noventa que firmó Ron Underwood tras cosechar el éxito con Temblores (Tremors, 1990). Éste se llamaba Corazones y Almas (Heart and Souls, 1993) y lo protagonizaba el mismísimo Robert Downey Jr. Era una tierna incursión en la temática fantasmagórica que daba sopas con honda a Ghost (1990) y nos hablaba de un personaje influenciado desde su niñez por un don algo particular, un tipo que no podía afrontar el compromiso sentimental sin la ayuda de sus arquetípicas y mortales amistades.


La pregunta que debe hacerse a estas alturas el espectador de este tipo de cine es si quiere pasar el rato en buena compañía. Presuponiendo la ordinariez y diálogos absurdos de la fantasiosa propuesta, se llevaría alguna que otra sorpresa ante una historia que deja igual hueco a temas como la amistad, la tolerancia o la superación personal, aunque sea por el bien común. Quién sepa donde se mete disfrutará, durante una hora y media que se antoja corta, de un trabajo divertido, bien ejecutado y con la presencia de grandes actores, se "echará unas risas" con una obra que como el cine que pretende emular, no pasará a los anales de la historia mientras cumpla sobradamente las expectativas de su público.

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