jueves, 19 de abril de 2012

Crítica: Los Muppets (The Muppets, 2011)



Los Muppets (conocidos como Teleñecos en España) han ido evolucionando con los años, desde su primera aparición en la televisión británica a mediados de los setenta con su Muppet Show hasta el estreno de este nuevo largometraje. El punto de inflexión vino marcado por el fallecimiento de su insigne creador, Jim Henson, hace más de veinte años. Aunque los títeres más populares del mundo nacieron de su absurda concepción del humor, siempre contestatario, desprejuiciado y plagado de referencias artísticas y sociales, con el paso de los años se han tenido que adaptar a una sociedad que entiende como infantil la propuesta y lidia con una nueva corriente de puritanismo. Ya en 1992, por el bien de la franquicia, su heredero Brian Henson coprodujo con la Disney el cuarto largometraje, Los Teleñecos en Cuento de Navidad (The Muppet Christmas Carol), adaptando ligeramente su naturaleza anárquica a una visión más ingenua y sentimental. Todo por resucitarlos en la pequeña pantalla con la serie Muppets Tonight (última muestra de su irreverencia) y sacar adelante algunos proyectos hasta su casi desaparición en la irregular Los teleñecos en el espacio (Muppets from Space, 1999) y algunos especiales de televisión. Hasta que en el año 2004 consiguió la Disney hacerse con los derechos de explotación, con el fin de sacarle partido al merchandising y la distribución de algunas películas, teniendo que formalizar la unión con un nuevo largometraje para cines.


Este film nace por tanto como reivindicación de una forma de entretenimiento algo olvidada en estos tiempos de saturación digital y nuevas tecnologías. Al menos así se lo han planteado sus guionistas. Jason Segel, impulsor (e intérprete) del proyecto junto a un colaborador habitual, el cineasta Nicholas Stoller, ha desarrollado una historia que despierte interés en las nuevas generaciones y apoyo de los nostálgicos. En primera instancia es un gran acierto, pero no deja de chocarnos el rescate de unos personajes que nunca naufragaron ni dejaron de estar presentes en los medios. Parece más una mitificación forzada y poco necesaria con fines comerciales, aunque afortunadamente no entorpece la trama, da pie al homenaje y añade un elemento crepuscular siempre emotivo. En este caso, son los Muppets quienes deben encontrase (o reencontrarse) a sí mismos en un mundo que no entiende aquellos valores que sin pregonarse enriquecieron a quienes crecieron con ellos. Su único lastre en mi opinión es la visión harto dulcificada de sus protagonistas, el trío formado por Jason Segel, Amy Adams y el títere Walter, obviamente meditada y acorde con este musical pretendidamente rancio (con algunas buenas canciones como "Man or Muppet"), aunque desconozco la manera en que se beneficiaba de ello este reencuentro con la mítica serie, tanto como de la discutible cantidad de temas musicales empleados para ello (algunos fuera de contexto). Muchos de estos elementos resultan  innecesarios en cuanto tenían ideado un divertidísimo y absurdo rollo final que superponía paralelamente a la trama principal un show de nuestros amigos.


Lo mejor de la función es verlos de nuevo cruzando la calle, conduciendo vehículos y relacionándose con personajes de carne y hueso (inclusive los imprescindibles cameos). La máxima de Jim Henson de entrecruzar fantasía y realidad, que había desaparecido en sus últimos trabajos, se agradece en los tiempos que corren. Y hablo en serio si digo que su pluralidad psicológica sigue intacta, aunque algunos personajes queden algo deslavazados por cuestiones de metraje. Se echa de menos la presencia y trascendencia del mítico Gonzo, relegado a personaje secundario, como algunos personajes de la "etapa Brian Henson" como la Rata Rizzo o el langostino Pepe, algo ininteligible y arbitrario. Mantienen aún así su sentido del humor, se ríen de sí mismos (y de nosotros) y juegan a hacer películas con noción de su naturaleza ficticia (a veces llegan a alterar el montaje y hablar de giros en el guión). Sobra decir que muchos fans (me incluyo, obviamente) lo validamos frente al definitivo regreso a "primera división" de este universo tan colorido y dinámico obra de un genio del entretenimiento, aunque sea de la mano del Muppet Studio creado por Disney y no de mi amada Factoría Henson, cuya fidelidad a su preceptos originarios la enfrenta actualmente a la extinción. Ahora los titiriteros son otros, llevan corbata y nos hacen creer que son los buenos, poniendo como malvado a un magnate del petróleo, aunque sea con la cara de un gran actor como Chris Cooper.

domingo, 1 de abril de 2012

Crítica: El Lórax, en busca de la trúfula perdida (Dr. Seuss' The Lorax, 2012)




Hasta su fallecimiento, el escritor y caricaturista estadounidense Theodor Seuss Geisel cedió derechos de explotación en contadas ocasiones. Al también llamado Dr. Seuss le preocupaba que estropearan el mensaje o la estética de su obra con fines exclusivamente comerciales. Únicamente cineastas que apreciaba personalmente, como Ralph Bakshi o Chuck Jones (amigo y compañero de guerra), o compañías como la Warner o la UPA pudieron adaptar algunas de sus historias. Su bibliografía (con cerca de sesenta creaciones infantiles), adorada por el lector norteamericano, se adaptó siempre para cortometrajes y especiales de TV. Posteriormente, tras su fallecimiento, Audrey Geisel, su viuda, permitió su salto a la pantalla grande con El Grinch (2000) de Ron Howard, todo un éxito entre los más pequeños, desconocedores de que lo único realmente destacable de la película nacía de la mente del Dr. y la inventiva de Chuck Jones, del que copiaba algunas ideas de su magistral adaptación de 1966. Tras el fracaso de El gato (The Cat, 2003) de Bob Welch, nula traslación cinematográfica de "el gato del sombrero", la viuda permitió exclusivamente las adaptaciones animadas. Desde entonces (exceptuando la TV) se han cedido dos licencias, una a los estudios Blue Sky (responsable de Ice Age) y de la que nació la deliciosa Horton (Horton Hears a Who, 2008), y la que nos ocupa, a la productora Illumination, avalada por el éxito de Gru, mi villano favorito (Despicable Me, 2010).


No pienso entrar en disertaciones sobre su mensaje principal, a nivel político ni económico (bastante tuvimos con el trasfondo metafísico y religioso de Horton). La reflexión ecologista e industrial de El Lórax (2012) siempre será debatida por aquellos adultos que no pueden prescindir durante unos minutos de su cotidiana problemática, alimentando la creciente y sórdida paranoia que últimamente enturbia cada producto destinado a los niños. El mensaje deberíamos dejarlo en manos del Sr. Geisel, los creadores de la película y el espectador, único interesado que de manera personal y subjetiva aceptará la propuesta según preferencias y posicionamientos morales. Hablemos del guión, por ejemplo. Suponiendo que podrían emular a los guionistas de Horton, han intentado alargar un relato tan corto mediante tramas secundarias y juegos narrativos. Han metido una película dentro de otra, cuya principal historia se narra a modo de "flashback" y se estructura en tres partes (como los tres días en que se desarrolla). Y ahí tenemos ya una parte del problema, pues a pesar de su compleja estructura, no dejan de desarrollar secuencias prescindibles, eluden la más esencial elipsis y juegan "al gato y el ratón" con los pequeños, llenando de humor facilón ciertos pasajes y cargando tintas en una duración que se me antoja larga más allá de la hora (la película dura 94 minutos). Como musical puede incomodar a sus detractores. Aunque las canciones se nos presenten en los momentos clave de la narración y las composiciones de John Powell sean impactantes, nacen con poca fluidez y no encajan en el tono general, principal defecto de la película. Pero esos son en mi opinión los únicos reproches, ya que la animación es excelente, el universo de Seuss se revitaliza y el mensaje se actualiza con sincera devoción.


A nivel formal impresiona, contiene momentos únicos (la fábula de The Once-Ler y el Lórax es brillante) y sus personajes tienen gancho (esos Ted y Audrey basados en el matrimonio Geisel). No peca de simplismo, pero quienes necesiten buscar respuesta a todo lo que ven, sin dejarse embaucar por el universo gratuito, desenfadado y absurdo de su creador, se moverán más en su butaca que un niño en una película de "arte y ensayo". Recomendable, por tanto, para niños que no verán insultada su inteligencia y amantes de la narrativa infantil, el resto vean bajo su responsabilidad esta película entrañable que pasará a engrosar dignamente el listado de adaptaciones de este peculiar universo nacido de la pluma del Dr. Seuss. Un mundo al que esperamos no dejen de recurrir los creativos del cine de animación, infantil o simplemente evasivo, siempre interesados en que contengan más texto los espacios que las palabras.