domingo, 1 de abril de 2012

Crítica: El Lórax, en busca de la trúfula perdida (Dr. Seuss' The Lorax, 2012)




Hasta su fallecimiento, el escritor y caricaturista estadounidense Theodor Seuss Geisel cedió derechos de explotación en contadas ocasiones. Al también llamado Dr. Seuss le preocupaba que estropearan el mensaje o la estética de su obra con fines exclusivamente comerciales. Únicamente cineastas que apreciaba personalmente, como Ralph Bakshi o Chuck Jones (amigo y compañero de guerra), o compañías como la Warner o la UPA pudieron adaptar algunas de sus historias. Su bibliografía (con cerca de sesenta creaciones infantiles), adorada por el lector norteamericano, se adaptó siempre para cortometrajes y especiales de TV. Posteriormente, tras su fallecimiento, Audrey Geisel, su viuda, permitió su salto a la pantalla grande con El Grinch (2000) de Ron Howard, todo un éxito entre los más pequeños, desconocedores de que lo único realmente destacable de la película nacía de la mente del Dr. y la inventiva de Chuck Jones, del que copiaba algunas ideas de su magistral adaptación de 1966. Tras el fracaso de El gato (The Cat, 2003) de Bob Welch, nula traslación cinematográfica de "el gato del sombrero", la viuda permitió exclusivamente las adaptaciones animadas. Desde entonces (exceptuando la TV) se han cedido dos licencias, una a los estudios Blue Sky (responsable de Ice Age) y de la que nació la deliciosa Horton (Horton Hears a Who, 2008), y la que nos ocupa, a la productora Illumination, avalada por el éxito de Gru, mi villano favorito (Despicable Me, 2010).


No pienso entrar en disertaciones sobre su mensaje principal, a nivel político ni económico (bastante tuvimos con el trasfondo metafísico y religioso de Horton). La reflexión ecologista e industrial de El Lórax (2012) siempre será debatida por aquellos adultos que no pueden prescindir durante unos minutos de su cotidiana problemática, alimentando la creciente y sórdida paranoia que últimamente enturbia cada producto destinado a los niños. El mensaje deberíamos dejarlo en manos del Sr. Geisel, los creadores de la película y el espectador, único interesado que de manera personal y subjetiva aceptará la propuesta según preferencias y posicionamientos morales. Hablemos del guión, por ejemplo. Suponiendo que podrían emular a los guionistas de Horton, han intentado alargar un relato tan corto mediante tramas secundarias y juegos narrativos. Han metido una película dentro de otra, cuya principal historia se narra a modo de "flashback" y se estructura en tres partes (como los tres días en que se desarrolla). Y ahí tenemos ya una parte del problema, pues a pesar de su compleja estructura, no dejan de desarrollar secuencias prescindibles, eluden la más esencial elipsis y juegan "al gato y el ratón" con los pequeños, llenando de humor facilón ciertos pasajes y cargando tintas en una duración que se me antoja larga más allá de la hora (la película dura 94 minutos). Como musical puede incomodar a sus detractores. Aunque las canciones se nos presenten en los momentos clave de la narración y las composiciones de John Powell sean impactantes, nacen con poca fluidez y no encajan en el tono general, principal defecto de la película. Pero esos son en mi opinión los únicos reproches, ya que la animación es excelente, el universo de Seuss se revitaliza y el mensaje se actualiza con sincera devoción.


A nivel formal impresiona, contiene momentos únicos (la fábula de The Once-Ler y el Lórax es brillante) y sus personajes tienen gancho (esos Ted y Audrey basados en el matrimonio Geisel). No peca de simplismo, pero quienes necesiten buscar respuesta a todo lo que ven, sin dejarse embaucar por el universo gratuito, desenfadado y absurdo de su creador, se moverán más en su butaca que un niño en una película de "arte y ensayo". Recomendable, por tanto, para niños que no verán insultada su inteligencia y amantes de la narrativa infantil, el resto vean bajo su responsabilidad esta película entrañable que pasará a engrosar dignamente el listado de adaptaciones de este peculiar universo nacido de la pluma del Dr. Seuss. Un mundo al que esperamos no dejen de recurrir los creativos del cine de animación, infantil o simplemente evasivo, siempre interesados en que contengan más texto los espacios que las palabras.

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