lunes, 12 de diciembre de 2011

Crítica: Acero Puro (Real Steel, 2011)



Hace ya unos años que el maestro de la literatura fantástica Richard Matheson (Soy Leyenda) escribió el relato titulado Steel (Acero) en el que se basa la nueva propuesta de Dreamworks. Anteriormente, en 1963, había sido adaptado para la TV en un episodio homónimo de la serie Twilight Zone interpretado por Lee Marvin. Esta nueva película, dirigida por el especialista en cine cómico y familiar Shawn Levi ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos y posicionarse con un tono muy concreto que deja claro el público al que va dirigido, en esta caso, el infantil. Es lo que toca. Tal y como están las cosas o ruedas Transformers para deleite de adolescentes y amantes de la acción adrenalínica o te metes en un proyecto que lleve y contente al mayor número de gente posible, hueco reservado para superproducciones y cine familiar.


Apelando a los buenos sentimientos y recurriendo a la ya clásica historia de perdedores, parece más un remake del film Yo, el halcón (Over the Top) que dirigió Menahem Golan en 1986, que otra cosa. El otrora poderoso fundador de la Cannon en compañía de su protagonista Sylvester "Sly" Stallone rodó la misma historia aunque esta se desarrollaba en los campeonatos de pulso (?) organizados a orillas de las autopistas interestatales con participación de camioneros y nómadas similares a su personaje principal. Solo quedaba incluir lo sucedido en el universo ideado por Matheson y aportar influencias de Rocky (2006) y Campeón (la de 1931 o 1979, como prefiráis) para que el cocktail quedara lo suficientemente revuelto y el respetable de la sala no supiera por donde le vienen los tiros.


Ahora bien, ¿que determina la validez de semejante jugada? Todos sabemos que incluso los mayores éxitos como Avatar (James Cameron, 2009) nacen de la mala idea de creativos y productores que venden mejunjes para disfrute del personal. Eso es tan antiguo como la tragedia griega. En mi opinión la validez de toda propuesta fílmica radica en el aporte a nivel emocional que hace a quienes va dirigido el relato y la picardía creativa de su artífices, algo de lo que va sobrada esta película. Si dudáis preguntadle a un crío de 12 años a la salida de la sala. Como film infantil es de sobresaliente, tocando todas y cada una de las teclas aceptadas bajo la tónica "Made in Spielberg" (productor de la misma) de lectura conservadora  y discursiva familiar.


A nivel técnico, admitamos que funciona. El prometedor comienzo, con presencia country cortesía del gran compositor Danny Elfman (como hiciese con su magistral Midnight Run) esta repleto de pinceladas psicológicas y alternancia de tiempos que ponen en situación al menos avispado. Todo cambia cuando llega el personaje más importante de la historia, un robot de desguace llamado Atom que permitirá al resto sobrellevar sus carencias afectivas y proyectarlas sobre un objeto inanimado. Y es que ese es el verdadero tema y principal aporte de la película. Entre trepidantes secuencias de boxeo, efectos especiales y subtramas archiconocidas sale a flote la verdadera esencia del relato. Una historia que analiza la necesidad de reafirmación personal y superación de todo ser humano, tanto a nivel simbólico (dualidad entre el protagonista y su gradual "álter ego" autómata) como explícito (relación padre-hijo).


Queda claro que quienes opinen que un relato es más adulto por contener más violencia (opinión absurda escuchada mil veces) deberían dejar paso a los demás. Ni tampoco quienes busquen futuros distópicos o ciencia ficción clásica verán atisbo de originalidad, ya que lo narrado acontece en nuestro presente (sea el año que sea) con el único adelanto en manos de la cibernética animatrónica. De enhorabuena están adultos con deseos infantiles de tener un robot, niños aún impresionables y personas de buen corazón que necesiten en ocasiones evadirse de tanto cinismo imperante a la salida del cine. Son ellos los que soltarán alguna lagrimita entre tanta épica y concesión al sentimentalismo humano, quizás prefabricado, pero humano al fin y al cabo.

2 comentarios:

  1. La vi el otro día en el cine... Y tienes TODA la razón.

    Ojalá la hubiera visto con 10 o 12 años y no con 34... Gran película infantil... correcta película en general. Y la culpa es de Shawn Levy, el tío con menos personalidad de Hollywood... que al menos no es el torpe de Brett Rattner... jejeje.

    Por cierto... ¡¡¡en realidad es un remake "inconfeso" de Lionheart El Luchador de Van Damme!!! Tiene combates exactamente IGUALES... un día de estos pongo las fotos por ahí, jajaja.

    Buena crítica!!!

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  2. Muy de acuerdo contigo, sobre todo en la frase de "de enhorabuena están adultos con deseos infantiles" no solo de un robot, si no de vivir por un momento el entusiasmo, los sentimientos de un niño y sentirse reflejado con él. Con respecto a los robots han sido fascinantes, es lo que esperaba aunque me quedé con ganas de más.

    Todo lo que has escrito lo he sentido y he pensado, es una peli infantil pero todos los personajes, incluyendo los adultos han sabido transmitir y lo han hecho fenomenal.

    He de decir que desde el principio se ve el toque Spielberg y me ha traido buenos y muchos recuerdos de pelis de la infancia.

    Peli muy recomendable! :D

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