martes, 13 de diciembre de 2011

El Guerrero Nº 13 (The 13th Warrior, 1999)



En ocasiones, público y crítica se ponen de acuerdo para destrozar una película el mismo día de su estreno. Casualmente, en muchos casos, la prensa filtra problemas de rodajes, presupuesto, desavenencias entre sus creadores y alerta del posible fiasco. Si a esto añadimos un presupuesto desorbitado o la intervención de personajes importantes que en período de pujanza comienzan a enemistarse con los medios, la cosa queda clara. Casi nunca son obras maestras, eso lo sabemos todos, pero son aproximaciones arriesgadas a temas poco tratados en el cine y planteamiento visual o narrativo algo complejo. Una de estos ejemplos podría ser un film de John McTiernan llamado El Guerrero Número 13, interpretado como muchos sabréis por nuestra estrella internacional Antonio Banderas.


Basada en la novela Devoradores de cadáveres de Michael Crichton (haciendo las de productor y guionista) cuenta la historia de un hombre de letras árabe, Ahmed Inbn Fahdland (Antonio Banderas) y sus aventuras en tierras del norte al verse involucrado,sin comerlo ni berberlo, en el enfrentamiento entre rudos vikingos que lo hospedan con una horda de semi-hombres que según testimonios lo destruyen todo a su paso envueltos en una brumosa mística de canibalismo. Todo por la intervención de una anciana que predice el épico desenlace a manos de trece hombres del reino, uno de ellos, extranjero.

Las influencias en este relato enriquecedor para amantes de la cultura vikinga son varias, la primera de ellas el texto épico medieval Beowulf, relato de reyes y monstruos que se intuye en la aparición del Rey Buliwyf (Vladimir Kulich), sus guerreros y la siniestra figura materna del oscuro ejército. Aunque la más acertada es la recreación de las aventuras en tierras extranjeras de su protagonista, precisamente un personaje histórico. Efectivamente, Ahmed Ibn Falan fue un cronista persa enviado en el Siglo X como embajador a tierras búlgaras que dejó constancia de su convivencia con los vikingos y detalles sobre sus costumbres y ritos fúnebres. Todo ello representado en la película que nos ocupa y suponiendo todo un lastre para el público menos curtido en un género casi olvidado, como es el de aventuras (exceptuando las historias pulp popularizadas por Indiana Jones y demás personajes).


El encargo recayó sobre John McTiernan (responsable de joyas como La Jungla de Cristal o Depredador) con intención de que le aportara brío narrativo y eficiencia técnica a una historia de batallas, con laboriosa dirección artística en exteriores y compleja fotografía. Y queda claro que se lo tomó en serio, ya que la película contiene imágenes espectaculares y perfectamente ejecutadas (ya sean grúas o travellings) que al son de la magistral banda sonora del desaparecido compositor Jerry Goldsmith embellecen la historia. No obstante, la cosa se torció. Su productor Michael Crichton parecía no estar de acuerdo con el trabajo de McTiernan (igualmente productor) y consiguió su expulsión alegando diferencias creativas (en cristiano, "haces lo que digo o a la calle"). Finalmente quedó en sus manos el montaje final y la filmación de nuevas secuencias a gusto del consumidor.

Para colmo, una desafortunada decisión terminó por confundir a algunos espectadores presumiblemente avispados que se enorgullecían de conocimiento fílmico criticándola a la salida del cine. La existencia de una polémica elipsis por la que pareció a muchos que el personaje de Banderas aprendía la lengua vikinga en diez minutos. Nada más lejos de la realidad. Existe una licencia narrativa según la cual, el director cómplice con el espectador se salta "a la torera" la verosimilitud del relato y consigue con un juego visual que los personajes pasen a hablar similar lengua al momento. McTiernan ya lo había hecho en La caza del Octubre Rojo (1990), con un simple movimiento de cámara que ponía al personaje ruso de Sean Connery a hablar inglés en un segundo, como hiciera Stanley Kramer en ¿Vencedores o vencidos? (1961) con un zoom que puso a hablar inglés a los implicados en el Juicio de Nuremberg. Con El Guerrero Nº13 no fue, ni por asomo, un recurso tan experimental. Lo solucionaron con un juego elíptico que explicaba como noche tras noche, a la luz del fuego, durante su largo viaje, el árabe analizaba las palabras de sus compañeros buscando algún tipo de relación linguística. El problema es que los personajes no se cambiaban de ropa, esas conversaciones eran de noche y no insertaron secuencias de paseos campestres para despistados.


A partir de ahí, todo fue de culo y sin freno. Los críticos presumiendo de diferenciar las secuencias filmadas por uno y otro director que desequilibraban la balanza, los amantes del cine de acción (acostumbrados a "finales de media hora") despotricando por las últimas secuencias que se centraban en la verdadera historia de fondo (la de Buliwyf) y su inverosimilitud (¿al escritor de Jurassic Park?), los defensores del Star system" sin entender qué hacía Banderas paseándose entre tanto Vikingo quedando al margen (valiente decisión profesional del actor malagueño) y un Bigger than life tan lejano que más de uno pensó que no se contaba historia alguna.

En conclusión, final inmerecido para un pequeño film de aventuras sombrío, sin pretensiones y mucha imaginación que buscaba entretener al público en general, interesar a aficionados a la historia y jugar con elementos poco saludables para la taquilla. A pocos interesó la feísta estética medieval, el impecable casting de secundarios, la subexpuesta (y muy arriesgada) iluminación de Peter Menzies o la solidez técnica de su director firmante. Cuando algo no gusta, poco se puede hacer, excepto esperar que la flauta suene en mejor momento. Mientras tanto, quienes la consideren cine de culto (a veces denomina películas fallidas que siguen despertando interés) soñarán con los cánticos a la valentía y cercana muerte que rezaban sus personajes:

"He aquí que veo a mi padre, he aquí que veo a mi madre, a mis hermanas y hermanos. He aquí que veo el linaje de mi pueblo hasta sus principios. Y he aquí que me llaman, me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios de Valhalla, el lugar donde viven los valientes para siempre".

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo con tu reseña. Creo que es una película que cumplió sobradamente sus objetivos, con algunos detalles muy interesantes. Por ejemplo, la forma en la que muestra el enriquecimiento mutuo entre dos culturas tan distintas como la árabe y la nórdica.

    Además, me resultó mucho más entretenida y honesta que muchos de esos taquillazos impersonales de pseudo-aventuras que se ven a menudo en salas abarrotadas.

    ResponderEliminar